Dos meses más tarde no lo dejé…

Por alguna razón que no logro entender, cuando estoy llegando al final de una meta, tengo dos emociones que creo enfrontadas. Por una parte tengo la emoción de querer llegar al final para ver materializado aquello en lo que has estado trabajando los últimos tiempos, el momento de decirte a ti mismo «aquí estoy porque he hecho todo lo que tenía que hacer. Por otra parte tengo la emoción de querer llegar al final… para decirme «por fin, ya está, se acabó».

Os decía «creo enfrontadas» o por lo menos eso es lo que se puede llegar a pensar aunque de todas maneras pienso firmemente que en esta vida todo tiene un principio y un fin. TODO. No se si es porque soy sagitario o es que tengo la mente de lo que yo llamo realidad. Nada de lo que nos rodea es eterno, ni nosotros mismos. Quiero hablaros de esto pero lo haré en otra entrada de manera más extensa.

El caso que ahora os quiero explicar es que han pasado dos meses desde que corrí por las calles de Valencia. Casi os prometí que iba a ser la última. Ahí os mentí porque yo sabia que no iba a ser la última carrera que iba a correr, básicamente, porque ya estaba inscrito en dos posteriores, pero de veras que esas iban a ser las últimas y así se lo comuniqué a mi entorno más cercano.

La cabra (o el sagitario que llevo dentro de mi) comenzó a hacer de las suyas. Por una parte porque me gusta ponerme retos a mi mismo y por otra parte por los buenos resultados, a mi parecer, que conseguí tanto en Valencia como en las dos carreras posteriores.

Y esa cabra tiraflechas mitad caballo mitad hombre se puso un reto. Bajar de 45 minutos en la próxima cursa de Bombers de Barcelona el 22 de abril. Nunca he conseguido bajar de 46 minutos en un 10k en carrera, y aunque creo que la diferencia es poca, creo que es lo suficientemente retadora ya que supone algunas adaptaciones en mi vida comenzando por ajustar mi dieta para conseguir un peso concreto para esa fecha y realizar unos entrenos específicos para cubrir esa distancia en ese tiempo objetivo.

La primera parte, la dieta para conseguir el peso me está costando, no me voy a engañar a mi ni a vosotros. Aunque voy bajando de peso estoy bajando más lentamente de lo que quisiera. Hay que apretar dientes y hacer algunos ajustes.

La segunda parte es la que mejor llevo ya que he conseguido integrarlos en mi día a día de manera bastante eficaz. Uno de los mayores problemas que tuve en la preparación de la maratón fue precisamente el tener que adaptar las jornadas de entreno en todo el batiburrillo de cosas por hacer en el día a día. Es verdad que los entrenos ahora son más cortos y me ha permitido adaptar el entreno en un momento del día que hace que sea la piedra angular de todo mi día. Esto os lo explicaré en otro post, el como el entreno me sirve para varias cosas en mi vida y no solo para mi condición física.

 

La conclusión de todo esto es que no estaba muerto, que estaba de parranda y que me harté de fiesta. Ahora vuelvo a ponerme una meta que dará un cambio en mi vida, que me hace erizar la piel, que me hace palpitar el corazón un poco más rápido. Y sobretodo, lo conseguiré o no pero lo habré intentado. El cementerio está lleno de buenos propósitos que se quedarán allí para siempre. Eso es lo único eterno, lo que no se hace, lo que no se intenta.

 

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